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The End Is Nigh, lo nuevo de Edmund McMillen [Review]

Plataformas y frustración en el Fin de los Tiempos

Pocos desarrolladores independientes se hacen tan conocidos como Edmund McMillen, quien de la noche a la mañana y después de mucho trabajo se convirtió en todo un rockstar de los videojuegos. Si bien comenzó con títulos como Gish o Aether fue Super Meat Boy el juego que lo lanzó a la fama y le dio la popularidad que hoy disfruta, gracias a la cual pudo crear maravillas como The Binding of Isaac y gozar del éxito que merecen sus juegos. Hoy en Lair of Gamers analizaremos el más reciente éxito de nuestro barbudo amigo, un juego llamado The End Is Nigh que cuenta con el estilo visual y el carisma clásico de McMillen.

HISTORIA

En The End Is Nigh la trama es, como era de esperarse, bizarra a más no poder. Controlaremos a Ash, un ser extraño con forma de bola mutilada que le falta un ojo y se arrastra por el escenario, siendo uno de los pocos sobrevivientes del fin del mundo. En este planeta decaído que se sigue cayendo a pedazos nuestro pobre Ash (cuya voz pertenece al actor Rich Evans) solo querrá una cosa: conseguir un amigo. Cansado de jugar juegos en su consola, abandona de su departamento para empezar a coleccionar… tumores. Sí, leyeron bien. El brillante plan de Ash consiste en juntar pedazos de personas para armarse un nuevo amigo y así ser feliz una vez más en este mundo de tristeza y soledad.

Es una premisa muy básica y no es el fuerte del juego; si bien le otorgamos unos puntos por el nivel de locura que tiene, McMillen puede hacerlo mejor. The Binding of Isaac, por ejemplo, más allá de ser una adaptación del pasaje bíblico a los tiempos modernos, tenía todo un mensaje oculto y una historia secreta por descubrir a medida que íbamos avanzando y ganando el juego una y otra vez. The End Is Nigh no sorprende de la misma manera, y es que la barra quedó muy alta para los futuros títulos de este desarrollador. En cambio tenemos una historia que solo sirve como excusa para que nuestro protagonista salga de la casa a juntar tumores y conseguir un amigo. Más allá de todo esto, tiene sus mensajes crípticos dados por los NPCs que nos cruzaremos, dándonos a entender que hay más de lo que podemos ver en primera instancia; además el juego tiene varios finales.

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JUGABILIDAD

Si hay algo que McMillen sabe hacer bien es convertir un par de mecánicas simples en un juego adictivo y complicadísimo; The End Is Nigh no es la excepción, y parece que estas características ya son marca de la casa. El juego es extremadamente simple: podemos movernos, saltar y agarrarnos a bordes y salientes. Con solo el stick y dos botones (o las teclas de movimiento y dos teclas más si jugamos con teclado) ya tenemos todo lo que necesitamos para adentrarnos en esta aventura de proporciones catastróficas. Y he aquí la magia de McMillen: con mecánicas tan básicas ha creado otro título atrapante.

Nos empezamos a mover por los distintos escenarios: cada uno tiene un tumor para recolectar, y si bien al principio es bastante sencillo la cosa se irá complicando a medida que los edificios empiezan a caerse, o extrañas criaturas post-apocalípticas amenazan con aniquilarnos. Pasar los niveles no es lo complicado, lo difícil es conseguir el tumor, y también encontrar todas las zonas secretas que el juego oculta: allí encontraremos muchos más tumores para nuestra colección, y solo así podremos desbloquear más y más contenidos. Ash se controla increíblemente bien, da gusto hacerlo saltar de aquí para allá, aunque necesitaremos ser extremadamente precisos con las secciones de plataformas, que se pueden volver muy complicadas.

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Los niveles más difíciles se encuentran escondidos en gigantescos gusanos que nos permitirán adentrarnos en ellos solo si tenemos una determinada cantidad de tumores. Aquí es donde la frustración se convierte en un verdadero infierno, con escenarios muy desafiantes que nos recompensarán con cartuchos: estos pequeños coleccionables añaden minijuegos a nuestra consola en el primer nivel de todo el juego, un desafío apto solo para campeones. Ganar estos niveles te convierte automáticamente en un Dios del Olimpo: a diferencia del resto de los mapas, si perdemos en un cartucho deberemos comenzar desde el principio de la zona, haciendo que estos niveles sean extremadamente frustrantes y difíciles para los jugadores. Y bueno, no se qué esperaban… es un juego de McMillen.

Lo curioso de The End Is Nigh es cómo logra mantener enganchado al jugador: a medida que se presentan nuevos peligros el juego te enseña muy bien cómo afrontarlo para luego complicar la mecánica y combinarla con otras ya vistas, creando el caos y la confusión. La curva de dificultad es inmensa; comenzamos con unos niveles bastante sencillos, con tumores cada vez más complicados de agarrar, incluso a veces tendremos que volver atrás para ver si podemos conseguir ese tumor que tanto nos cuesta. Como ya dije, pasar niveles no es difícil, lo complicado es llegar al final con todos los coleccionables. Solo así tendremos acceso a las últimas secciones del juego, algo destinado solo para los más valientes y persistentes. ¡Llegar es todo un desafío!

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PRESENTACIÓN

Una vez más The End Is Nigh cuenta con el estilo de dibujo ya clásico de Edmund McMillen, quien desde Gish nos sorprende con sus caricaturas de aspecto infantil pero que a la vez son oscuras y retorcidas. En esta ocasión el aspecto visual es más minimalista que en el resto de sus producciones, ya que la mayoría de los elementos en el escenario son compuestos por siluetas negras, algo que le da un toque de personalidad al título y lo diferencia de los demás, pero que al mismo tiempo da la impresión de que podrían haberse esforzado más; los gráficos, si bien son llamativos, son un poco pobres para un desarrollador de tanto renombre.

Lo que me pareció sorprendente es la banda sonora: los amantes de la música clásica podrán deleitarse con varias melodías conocidas, desde la Quinta de Beethoven y El Vuelo del Moscardón hasta El Salón del Rey de la Montaña y el increíble Requiem de Verdi, todos temas super populares que hemos escuchado cientos de veces y que esta vez vienen mezclados con electrónica, rock y chiptune. Son canciones realmente épicas que ponen frenético al jugador y lo impulsan a seguir adelante a pesar de la inmensa frustración. Los responsables de esta banda sonora son una vez más los integrantes de Ridiculon, que ya habían trabajado con McMillen en títulos anteriores.

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CONCLUSIONES

The End Is Nigh es simplemente McMillen en estado puro: un plataformero simple de manejar pero difícil de terminar que por momentos nos recordará mucho a Super Meat Boy. Su duración es más que aceptable, con más de 600 niveles distribuidos a lo largo de 12 capítulos que guardan cientos de coleccionables. Y cómo olvidar los ridículos logros que nos tendrán horas enganchados si somos perfeccionistas. En fin, es un juego simple, adictivo, largo y muy muy difícil.

Edmund McMillen lo ha hecho de nuevo. Ha sabido tomar mecánicas muy básicas para traernos otro indie que dará que hablar; si bien no impacta tanto como otros de sus juegos, es digno de sentarse junto a los más grandes de la industria independiente. The End Is Nigh cuesta solo 14.99 USD en Steam, y llegará próximamente a Nintendo Switch y otras consolas si es bien recibido en PC. Si sos fanático de los juegos de McMillen este juego te va a enganchar mientras esperamos ver con qué nos sorprenderá la próxima vez el famoso desarrollador.

8.2
Simple pero difícil
  • Precio / Calidad 10
  • Gráficos 7
  • Jugabilidad 8
  • Sonido / Música 9
  • Historia 7
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